Entrevista a Núria Garuz, sobre procesos de imaginación y la necesidad de fisurar las estéticas hegemónicas

La doctoranda investiga sobre el potencial de la imaginación para conceptualizar y comunicar relatos, así como sobre procesos de codiseño entre humano-máquina

Núria Garuz es doctoranda en el programa de Diseño y Comunicación y directora de arte especializada en la creación de conceptos creativos para proyectos de comunicación gráfica. Investiga sobre los procesos de producción de imaginarios en diseño, tanto estéticos como de valores asociados. Analiza qué herramientas se utilizan en estas dinámicas y cómo influyen en la creación de imaginarios hegemónicos. Unos imaginarios que son constantemente reproducidos en la sociedad.

 

P. ¿Cómo surge tu investigación doctoral y cómo se vincula a tu práctica de diseño? 

R. Mi investigación surge de una inquietud que siempre me ha perseguido sobre cómo pensamos a través de las imágenes: cómo las imágenes tienen el potencial de activar nuestra imaginación para conceptualizar y comunicar relatos. Esto está muy ligado a mi propia práctica. Yo soy directora de arte en un estudio de diseño gráfico y una de las fases que más disfruto de los proyectos que desarrollamos es la fase inicial, más estratégica, en la que definimos qué relato debe comunicar el proyecto.

Siempre utilizo imágenes que busco en internet para definirlo y comunicarlo, tanto a clientes como a otros miembros del equipo. Me di cuenta de que lo que imaginamos depende mucho de las imágenes que usamos para activar nuestra imaginación. Esto me abrió muchas preguntas que dieron origen a esta investigación.

 

P. ¿Qué papel tienen los bancos de imágenes en los procesos de creación o diseño? 

R. Cuando buscamos imágenes para inspirarnos, habitualmente realizamos esta búsqueda en internet. La razón principal es que este medio permite tener acceso a un número inabarcable de imágenes. Por este motivo son necesarios dispositivos que potencien su accesibilidad para poder trabajar con ellas. Los bancos de imágenes nos posibilitan este acceso, pero al mismo tiempo, funcionan como sistemas de visibilización (e invisibilización) de una serie de contenido gráfico, construyendo relatos homogéneos y hegemónicos tanto a nivel conceptual como estético. Esto es importante tenerlo en cuenta, ya que es la materia prima que utilizamos para inspirarnos.

 

P. ¿Crees que estamos viviendo una crisis de imaginación? 

R. Creo que nuestro potencial imaginativo sigue intacto, pero es cierto que las estéticas se uniformizan, tanto en el sector gráfico como en otros campos del diseño. Esta homogeneización puede darse por factores políticos o económicos que sinceramente se me escapan, pero llevándolo al terreno de mi investigación, sí pienso que una de las razones es que la inspiración se globaliza. Las fuentes que usamos para consultar, mostrar y compartir son cada vez más homogéneas y globales. Los repositorios con formato de red social o los de carácter comercial tienden a estandarizar sus contenidos y los fotógrafos y/o usuarios tienden a imitarlos.

Esto comporta la estandarización de un conjunto limitado de estéticas y temáticas en favor de asegurar visibilidad y posiblemente más circulación en la red. Si a este hecho le sumamos que los profesionales realizamos búsquedas en un número cada vez más reducido de repositorios, se da como consecuencia una reducción de nuestra cultura visual. No creo que imaginemos menos, sino que las fuentes que utilizamos provocan un mimetismo estético y conceptual.

 

© Núria Garuz

 

P. ¿Cuándo te diste cuenta de que estabas cocreando con una máquina?  

R. Me di cuenta al realizar esta investigación doctoral. Anteriormente, yo tenía la sensación que el proceso de inspiración a través de imágenes en red era un proceso totalmente individual: yo elegía las imágenes que me inspiraban, yo creaba los conceptos o relatos a representar y posteriormente yo los desarrollaba. Me di cuenta de que en realidad estaba codiseñando con un elemento técnico con la lectura de un artículo de Pilar Rosado, una artista que produce obras a partir del diseño de algoritmos.

Aunque su práctica dista mucho de la mía, la autora la definía como un proceso de cocreación híbrido entre humano y máquina en la que la toma de decisiones era compartida. Vi que esta definición era aplicable a mi propio proceso, ya que al buscar imágenes en repositorios establezco un diálogo que mantengo con el elemento técnico mediante tags o prompts, en el que voy recibiendo respuestas en forma de imágenes que activan el pensamiento y la imaginación y van formulando la propuesta creativa que desarrollaré posteriormente. Este hecho representó un gran cambio en el enfoque de mi investigación.

 

P. ¿Cómo evitar caer en dicotomías humano bueno/máquina malo y prestar atención a las diferentes agencias que entran en juego?  

R. Para mí, este es un gran tema. Personalmente, he transitado todos los estados imaginables a lo largo de mi investigación: desde caer en el determinismo tecnológico más feroz pensando que las máquinas nos han secuestrado la imaginación, hasta pensar que tampoco somos tan influenciables…

Finalmente, me quedo con la tesis de Katherine Hayles, una autora fundamental en mi investigación, que propone superar la relación entre humanos y máquinas en términos de competición o sustitución. Esto permite abrir posibilidades para imaginar nuevas formas de colaboración, donde cada parte aporta sus capacidades únicas, estableciendo relaciones basadas en la cooperación. Si se plantea en estos términos, no hay una dicotomía fija, sino que la agencia fluctúa dependiendo del diseñador e incluso del proyecto.

 

P. ¿En qué momentos de tu proceso de investigación entra la IA y de qué manera? 

R. Se ha incorporado en una fase muy tardía. El motivo es que, normalmente, al usar IA se tiene en mente una imagen preexistente (con un género y un estilo definidos) y lo que buscamos es que el modelo generativo la materialice de la manera más fiel posible. Pero en el proceso de diseño que analizo no deseo recrear una imagen que tengo en mente, sino todo lo contrario, necesito heterogeneidad visual, imágenes inesperadas que provoquen procesos de serendipia y faciliten la activación de la imaginación.
Posteriormente, me di cuenta de que, aunque no acostumbro a usar la IA por este motivo, las imágenes que recrea llevan implícitas unos sesgos algorítmicos que crean unos relatos que también debía tener en cuenta.

 

© Núria Garuz

 

P. ¿Cómo se activa una mirada crítica en los procesos de cocreación? 

R. Pienso que el primer paso es darse cuenta de que estamos codiseñando con un elemento técnico que nos ofrece unos relatos hegemónicos muy concretos y situados. Si no nos percatamos, inevitablemente adoptaremos una posición acrítica frente a los resultados que nos presenta.

Es evidente que tenemos una dependencia con las herramientas técnicas que utilizamos para diseñar, pero justamente por este motivo es necesario ser consciente de la agencia que tenemos y ejercitarla, de la misma manera que también debemos ser conscientes de la agencia que tiene en el proceso de inspiración el elemento técnico con el que colaboramos. Milton Glaser apuntaba “Computers are to design as microwaves are to cooking”. En el proceso que analizo esta afirmación toma una gran relevancia.

 

P. ¿Cómo se construye un “relato sensible” dentro del proceso de diseño? 

R. Es necesario percatarse que los resultados que nos ofrecen los algoritmos de búsqueda o de generación de imágenes son visiones concretas del mundo que deben tomarse como propuestas o sugerencias, no como caminos inamovibles. Deben cuestionarse y tensionarse, y en la medida de lo posible, abrir fisuras en estas construcciones estéticas y conceptuales tan sólidas. De esta manera no tenderemos a simplemente reproducir relatos hegemónicos, sino que ampliaremos sus universos visuales.

 

P. ¿Por qué decidiste hacer el doctorado en BAU?

R. Conocí el programa de doctorado en una de las sesiones de seguimiento que el RMIT realizaba para sus doctorandos europeos. Como las presentaciones eran abiertas fui un sábado y vi varias de miembros de la comunidad de BAU. Me pareció muy interesante su apuesta por desarrollar investigaciones basadas en prácticas, que es justo lo que estaba buscando.

Tengo que añadir que una vez dentro del programa descubrí la comunidad de doctorandos y esto fue una gran sorpresa para mí. Los seminarios que se llevan a cabo cada quince días, así como las comisiones de seguimiento anuales, te permiten compartir inquietudes, frustraciones y logros en un proceso que demanda una constancia y una exigencia sostenidas durante varios años. El hecho de contar con una comunidad que sigue tu mismo proceso lo hace mucho más enriquecedor, tanto emocional como académicamente.

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