Durante la defensa de tesis, tres mundos se desplegaban de manera autónoma en monitores, enmarcando la presentación del ahora doctor Serafín Álvarez. Se podían observar paisajes de todo tipo, al lado de microorganismos alienígenas imaginarios cruzando la pantalla, o bien especulaciones de infraestructuras humanas subterráneas.
Se trataba de Umbral (2018), Un bosque sintético dentro de una piedra (2021) y Drift Viscous Dust (en desarrollo), los proyectos artísticos analizados en su tesis doctoral. En ellos, convergen la construcción de mundos ficticios, referentes de ciencia ficción y la evocación de formas de vida no humanas.
En «Ánima sintética. Uso desviado de motores de videojuegos para la creación de mundos autónomos» , Álvarez investiga tres obras mediante métodos para el análisis de la práctica artística, uno de los ejes clave para realizar una tesis doctoral basada en prácticas.
En este sentido, traza un marco de análisis para observar en cada proyecto la genealogía que lo motiva, la configuración de los mundos que se presentan, las condiciones perceptivas que enmarcan su acceso y las fricciones que emergen de someter estos proyectos a un análisis crítico.
Uno de los conceptos que introduce la tesis de Álvarez es el de «inacción radical». Este refiere al uso desviado de motores de videojuegos para producir mundos no interactivos. A la vez, se trata de un gesto subversivo, que «desafía los paradigmas centrados en el jugador y las lógicas instrumentales propias de los videojuegos».
Álvarez presentó la tesis ante un tribunal formado por la Dra. Marta Fernández Ruiz (Universitat Politècnica de Catalunya), en calidad de presidenta, el Dr. Eloi Puig Mestres (Universitat de Barcelona), en calidad de secretario, y la Dra. Maria Mercè Oliva Rota (Universitat Pompeu Fabra) en calidad de vocal. El tribunal destacó la precisión de análisis de Álvarez en su investigación y sus aportes metodológicos y le otorgó la calificación de excelente cum laude.
Esta tesis, dirigida por la Dra. Lúa Coderch y el Dr. Jaron Rowan, culmina destacando el rol de la observación como forma de «participación no intervencionista» y cómo esto permite abrir espacios especulativos alternativos a «los modelos dominantes de control, progreso y recompensa».