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Mosquito, el vuelo vibrante de Marta Gaeta

Entrevista a la alumni de BAU y fundadora de Mosquito, una firma de diseño que funde sus grandes pasiones: la moda, el mar, el surf y el collage

Para Marta Gaeta (Andorra, 1993) el diseño es inseparable de la vida. Sus grandes pasiones —la moda, el mar, el surf, el collage— guían su proyecto artístico, y a la vez el arte la mantiene en contacto con el presente sin perderse ningún detalle de lo que ocurre a su alrededor, fruto de una curiosidad infinita.

Después de graduarse en Diseño de Moda en BAU y de un Erasmus en Milán, trabajó con algunas de las grandes firmas de la moda nacional, pero enseguida sintió el deseo de ir por libre y vivir su propia aventura como diseñadora.

Así, en noviembre de 2020, en plena pandemia, nace Mosquito, reflejo de la personalidad de Gaeta: una marca poliédrica y versátil que concentra la energía del mar y la delicadeza del ikebana (técnica japonesa de decoración floral), la concreción de los objetos y las infinitas posibilidades del collage.

Mosquito, como su creadora, vive en entre el agua y la tierra, como un anfibio, con productos para dentro del agua (tablas de surf, bañadores) y fuera del agua (joyería, pañuelos, collages), unidos por las ilustraciones de Gaeta.

Ahora, desde Saint-Jean-de-Luz, cerca de Biarritz, siempre cerca del mar, y Andorra, continúa haciendo crecer Mosquito a partir de la búsqueda de la belleza, la responsabilidad medioambiental y la exploración sensible.

 

 

Ni artista ni diseñadora. Te defines como “créateur”.

La nomenclatura ‘artista’ me viene grande, y la de ‘diseñadora’, pequeña. Para mí, el diseño de moda no es solo la ropa. También es cine, música y deporte. Literatura, gastronomía y política. La pregunta ‘¿qué es la moda?’ es precisamente el espacio que yo quiero explorar.

¿De dónde nace esta inquietud?

Después de graduarme, hice prácticas en Paloma Wool. Fue mi primer contacto con el mundo laboral. Entonces las dos empezábamos, y me sentí muy reflejada en ella. Lo recuerdo bien porque allí vi que yo necesitaba un proyecto propio. Quería dirigir una marca y explorar en el terreno artístico. Encontrar un espacio para poder trabajar con todo lo que me interesa.

¿Qué lección sacaste?

Vi que no siempre debes seguir el mismo patrón y que puedes hacer tu propio camino. Fue una experiencia muy inspiradora. Y lo sigue siendo. Ahora la marca ha crecido y veo que con esfuerzo y perseverancia las cosas pueden evolucionar.

 

 

¿Cuál es la clave al iniciar un proyecto propio?

Lo más importante es la pasión. La pasión mueve mi vida. Y de la pasión surgen las ganas. El dinero, al final, se encuentra. Hace mucha ilusión ver que la gente se interesa por lo que haces y que lleva lo que haces. Es una sensación increíble. Pero al final siempre está la pasión.

¿Y los obstáculos?

Debes ser muy positivo. Una esponja. Debes estar muy actualizado e interesarte por diversos ámbitos, como el marketing, la economía y la sociología, y leer los periódicos. Debes estar pendiente de todo. Uno de los puntos más difíciles son las redes sociales. Parece muy fácil gestionarlas y crear engagement con clientes potenciales, pero no lo es. Es muy importante tener una estrategia detrás. Un camino escrito. Estar al día de todo y ser curioso.

¿Y la financiación?

Es un gran hándicap. Cuando no encuentras, es fácil hacer las cosas mal. Siempre he querido ser eco-friendly y soy muy estricta con la producción local, porque es el futuro. Por lo tanto, yo no me puedo permitir hacer cosas que no son respetuosas con el medio ambiente o que no están hechas en casa. Al final, como decía, la financiación se encuentra. Primero, a través de la familia, amigos o business angels. Uno de los problemas es hacerte escuchar. Debes ser profesional, paciente y perseverante.

 

 

¿Por qué ‘Mosquito’?

La palabra hace muchos años que la tengo en mente, después de una exposición de Duchamps en Cadaqués. El póster Monte Carlo Bond [1924, donde aparece estampado un juego de palabras con la palabra mosquito en francés —moustique domestique] me quedó grabado. Mosquito es un alter ego. Encontré una idea muy poética: mi creación es negra y punk, pero también orgánica. Nunca hago ángulos rectos ni geométricos, como el vuelo del mosquito.

Mosquito es el proyecto de tu vida. ¡Literalmente!

Yo quería hacer una marca de joyería, y de manera paralela, hago surf y estoy muy conectada con el mar. Quería hacer mi propia tabla de surf, y me pregunté: ¿por qué las tablas no funcionan como las de snow o skate, donde uno de los atractivos es el grafismo? ¿Por qué no puedo imprimir una ilustración mía en una tabla? Empecé a investigar y vi que aquí esto no se hacía, pero en California sí, con fibra de vidrio. Con la ayuda de un amigo construimos una tabla y le imprimimos un collage mío, y cuando vi el resultado aluciné. La tutora del máster me dijo que la tabla le parecía mucho más interesante que las joyas. Entonces empecé a pensar cómo comercializar mi creatividad. Investigando, me di cuenta de que siempre había tres mundos, tres satélites orbitando: moda, collage y surf. ¿Y por qué Mosquito no es el resultado de ello?

 

 

¿Qué posibilidades te ofrece el surf?

El surf es un lenguaje artístico, también fuera del agua, y un mercado potencial para las mujeres surfistas. La fotografía, el cine y la lectura se reflejan en cómo visten, actúan y viven. Hay surfistas con un interés profundo por la moda, y yo exploro elementos para dentro y fuera del agua. Me gusta hablar de objetos y dejarlo muy abierto.

De hecho, propones que sean “portables”.

Me refiero a darles una vida más larga. Por ejemplo, una tabla de surf hecha a medida, además de un capricho, también puede ser un objeto decorativo o artístico. También tengo en mente hacer pañuelos de seda con mis ilustraciones y en colaboración con otros artistas. Y pueden tener vida en muchos ámbitos: como decoración, en la playa, en un pícnic…

 

 

¿En quién encuentras inspiración?

Duchamp es un referente por cómo trata y explora sin fin los objetos. Las pinturas de Picasso. Los collages de Matisse. Los móviles de Calder. Intento observar mucho, leer y escuchar música. Si eres honesto y tienes una mirada abierta, puedes encontrar referentes cada día. En los restaurantes, en las fruterías. ¡Me encantan los collages naturales que se crean en las calles con los pósteres superpuestos!

Das mucha importancia a mirar el presente muy de cerca.

Estar actualizado es un tema personal. Todos deberíamos hacerlo, porque el saber no ocupa lugar. Debes estar al día de lo que pasa a tu alrededor en términos políticos, sociales y medioambientales. Ser responsable con lo que haces y ser consciente de que somos el futuro de este mundo. Un día tendremos hijos y nuestros conocimientos los pasaremos a la siguiente generación.

 

 

¿Cómo relacionas esta responsabilidad con el sector de la moda?

En la industria de la moda debes ser muy consciente de lo que haces y dejas de hacer. Debes preguntarte qué impacto tienen las cosas que tienes en casa y las cosas que llevas. Debemos salir de los referentes clásicos y buscar alternativas en ámbitos más allá del arte. Es importante estar despierto, ser curiosa y actuar bien de acuerdo con lo que pasa en el mundo.

¿Cómo trabajas la sostenibilidad?

Mosquito está empezando a ser real a partir de la joyería. Yo imagino la pieza en plano y hago los esbozos, y a partir de aquí pido ayuda a unos fabricantes de Córdoba para pasarlo a 3D. Para mí es esencial fabricar de manera local. También trabajo con plata reciclada, y el packaging no contiene plásticos. Esto es complicado porque encarece mucho el coste, pero es mi responsabilidad.

¿Y la comercialización?

Toda la venda es por Internet. El e-commerce es el futuro, es muy barato, pero se necesitan puntos de venta físicos. A corto plazo, tengo la idea de hacer pequeños eventos, markets o pop-ups efímeros para tener más contacto físico.

 

 

Mosquito aún se encuentra en fase de despliegue. ¿Cómo te planteas la viabilidad?

Siempre digo a todo el mundo que para ganar tienes que gastar. Puedes ir más deprisa o más despacio, pero tienes que invertir mucho. Siguiendo un ritmo normal, espero ser rentable en de dos años. Al final, por más pasión que pongas, necesitas vivir de algo. Hay que tener paciencia porque ahora todo es muy difícil.

Han pasado cinco años desde la graduación en BAU. ¿Cómo recuerdas esa etapa?

Siempre digo que es una universidad hippy, con una filosofía abierta, y me encanta. La creatividad siempre va por delante de la técnica. Valoro mucho el aprendizaje a través de la creatividad porque me gusta experimentar, y eso acompañaba mi carácter y mi manera de hacer. Es un gran espacio para compartir, muy familiar. Los profesores acaban siendo personas muy cercanas en quien puedes confiar. No solo son profesores. Si necesitas ayuda, siempre están abiertos a ayudarte fuera de horario.

 

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