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Anna Moreno: “considero indispensable que unos estudios de Bellas Artes tengan una conciencia social y de contexto absoluta”

Hablamos con Anna Moreno, artista y profesora del Grado en Bellas Artes establecida en La Haya

Anna Moreno (Barcelona, 1984) es artista y profesora del Grado en Bellas Artes de BAU. Establecida en La Haya (Holanda), ha dado clases en la Royal Academy of Arts y ha exhibido sus obras en lugares como la Fundación Miró y en 1646 (La Haya).

¿Cuál ha sido tu recorrido académico y laboral hasta el momento de llegar a BAU como profesora del Grado en Bellas Artes?

Yo estudié Bellas Artes en Barcelona, en la UB, y después hice el Máster de Producciones Artísticas e Investigación. Una vez lo acabé, realizé una residencia de Hangar en Italia. Allá entendí realmente que mi práctica se desarrollaría en el extranjero. Sobre todo por la falta de estudio y de espacio en Barcelona: era 2008, estalló la crisis y era imposible hacer nada. Finalmente, en 2012 me mudé a Holanda, donde empecé a dar clases en la Royal Academy of Arts de La Haya. Impartía una asignatura muy innovadora llamada Artistic Research, que me daba mucha libertad para continuar desplegando mi práctica artística. Cuando decidieron montar el Grado en Bellas Artes de BAU, me contactaron por el hecho de ser una artista barcelonesa, pero con esta experiencia en una academia holandesa, y por estar impartiendo investigación artística. Todo esto les ayudaba a diseñar de cero el grado.

¿Puede ser que esta línea más basada en la investigación artística sea poco conocida en la academia de aquí, con relación a otros puntos de Europa, como Holanda?

Que yo sepa, no. Es diferente, porque por ejemplo en Holanda, Bellas Artes no es una carrera universitaria, es todo más técnico. Allí sí que tienen algo más de libertad porque no tienen todo este sistema de créditos que cumplir. Tal y como tengo entendido, aquí hasta ahora había una estructura mucho de las ‘Bellas Artes’, y creo que en BAU se han planteado de una manera mucho más conceptual, no parten de esta idea tan clásica del dibujo y la escultura. Sí que se dan clases, pero seguramente no tienen nada que ver con las tradicionales. Y hay asignaturas muy diferentes, como la que doy yo, por ejemplo. Se llama Visualization and Documentation Workshop, es en inglés, y la comparto con David Ortiz.

 

 

Cuéntanos más sobre tu asignatura.

Va muy ligada a la idea de documentación. Es una cosa que se obvia muchas veces en los estudios de Bellas Artes, y que es crucial. Desde cómo hacerse un buen portfolio hasta qué documentas de tu propia obra. Una cosa es hacer pinturas y esculturas, entonces la documentación se vuelve una cosa muy obvia. Pero, ¿Y si haces performance? ¿Y si haces proyectos de investigación larguísimos que acaban siendo videoinstalaciones? ¿Qué documentas, qué partes de la obra son relevantes, qué partes del proceso son relevantes?

 ¿Qué temas protagonizan tu obra artística?

En mi obra artística, constantemente reactivo algunos momentos de la historia reciente donde se ha mirado hacia una idea de futuro, y me planteo qué sentido tiene esto ahora. La arquitectura utópica, por ejemplo, me interesa muchísimo, lo utilizo como trasfondo, sobre todo por aquello que se dice de los arquitectos que tienen complejo de dios, que no solo diseñan un edificio, sino que nos dicen cómo transitarlo y cómo vivir. Me interesa aproximarme a todo esto desde la admiración, pero también desde un punto de vista crítico.

¿Podrías hacernos una constelación de algunos proyectos relevantes que hayas hecho alrededor de estos temas?

El último proyecto que hice y acabé es Bulldozer, una película de carácter experimental, mi primera experiencia en el mundo del cine: un zoom continuo de 37 minutos, un plano secuencia. La rodé en un hotel frente al mar en Castelldefels, y trabajé con dos actores buenísimos, Clara Segura y Francesc Orella. Fue un proceso muy enriquecedor. Parte de mi ingenuidad de no saber dónde me estaba metiendo me dio cierta ventaja, porque cuando le planteé a la gente que quería hacer un zoom continuo, me dijo que no se podía hacer. Y aun así, yo aposté por seguir adelante con la idea.

 

¿Es importante, pues, como artista, arriesgarte y salir de tu zona de confort con disciplinas que no son la tuya?

Yo no soy una artista de estudio, sin tener nada en contra, pero no estoy en mi estudio esperando a que me llegue la inspiración o experimentando con materiales, sino que siempre intento contactar y trabajar con personas que me interesan. Por ejemplo, en el caso de Bulldozer, quería trabajar alrededor de la especulación inmobiliaria en la costa.

Paralelamente, estoy preparando una videoinstalación que se llamará Dancing is Easy, que dialoga la arquitectura utópica de los años 70 con toda una tradición del flamenco underground queer que surgió en la misma época en contraposición a la folklorización e instrumentalización que estaba haciendo el turismo. Estamos trabajando en una vídeoperformance con el dúo Flamenco queer, que tendrá lugar en un resorte de los años 70 diseñado por unos arquitectos en el norte de Cerdeña. Y todo esto irá acompañado de una serie de prints de serigrafía que he diseñado utilizando una tinta sólo visible bajo luz negra. Toda esta tecnología del láser, la luz negra o estroboscópica, se introdujo en las discotecas de esa época.

 

¿Qué crees que supone estudiar un Grado en Bellas artes en Barcelona ahora mismo, también teniendo en cuenta el contexto actual de crisis económica, social y ambiental?

Mira, yo soy producto de otra crisis. Cuando acabé de estudiar en 2007-2008, se vio claro que, hoy en día, hagas lo que hagas, no tienes garantías de nada. Nuestros padres crecieron en una época de bonanza económica, nos pudieron pagar unos estudios, y se sabía que, si estudiabas y te esforzabas, en general, todo te iría bien. Crecimos con esta idea y nos hemos dado de bruces con una crisis detrás de otra. Yo creo que la generación que empieza a estudiar ahora todo esto ya lo sabe. Mi consejo es: sé genuino y haz algo que te llene. 

Por otro lado, sí que considero indispensable que unos estudios de Bellas Artes tengan una conciencia social y de contexto absoluta. No podemos obviar que estamos en el Poblenou, un barrio que sufre gentrificación y grandes violencias urbanísticas, por ejemplo. Es muy importante que cuando el alumnado empiece a trabajar y a intervenir en el espacio público, sea consciente de todos estos significados y contextos.

 

 

Más información: Grado en Bellas Artes

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