Hablar con un Alumni es como conocer una pequeña parte de la historia de BAU: te genera una sensación de reconocimiento en la narración, porque cualquiera puede ver lo que describe en el día a día entre estas paredes, pero también de fascinación por lo desconocido, por la experiencia unipersonal e intransferible. El recorrido del que fuera estudiante del Grado en Diseño Gráfico Sergio Lairisa es, cuando menos, fascinante. Él mismo se sorprende de cómo ha podido llegar hasta donde se encuentra ahora -contratado en Nueva York, nada más y nada menos-; sin embargo, sus palabras resuenan a madurez y a una certeza premonitoria de que su futuro está bien labrado.
P. Hace cinco años que te graduaste en diseño gráfico… ¿Cómo te ha cambiado la vida desde entonces?
R. Al principio, nada más graduarme, tenía muy claro que me quería dedicar al mundo académico y a la investigación. Mis metodologías siempre han sido inusuales y, en aquel momento, pensé que no encajaría nunca en un estudio, además que no tenía suficiente experiencia para crear identidades o llevar proyectos con clientes. Pero, para aprender, tenía que trabajar en proyectos reales, a parte de tener ingresos para poder vivir.
Mi primera experiencia fue en Folch Studio. Allí aprendí cómo funciona el diseño como servicio y todo lo que implica. Después pasé a ser freelance y el año pasado me llegó la oportunidad de mudarme a Nueva York y trabajar para COLLINS. Estudio europeo, estudio propio y, finalmente, agencia americana. He tenido todas las casuísticas necesarias que me han permitido dimensionar muchísimo los proyectos y mi craft a cualquier escala. Estoy muy contento.
BAU me enseñó unas bases muy artísticas y críticas y, de alguna manera, he podido adaptarlas a toda clase de proyectos con el tiempo. Continúo evolucionando esta fórmula, afinándola poco a poco.
P. Esta trayectoria que te estás labrando, ¿tenías en mente que seria así, tenías algún tipo de expectativa?
R. Siempre he tenido muy claro lo que me gustaba, dónde quería llegar y lo que se me daba bien, pero nunca pensé que acabaría haciendo identidades visuales o viviendo en Nueva York. Me sorprende que, a pesar de tener las cosas claras desde el principio, el tiempo me haya llevado a un lugar así de inesperado.
P. Tu trabajo de final de grado, Al pie de la letra, obtuvo un premio LAUS Young Talent en 2021; una propuesta gráfica que tenía mucho de investigación y análisis en relación a las políticas del lenguaje. ¿Se aleja mucho tu estilo actual, tu «lenguaje» y objetos de estudio, de lo que supuso este proyecto en concreto?
R. Este proyecto me cambió la manera de diseñar y de entender el lenguaje gráfico. Era un proyecto muy crítico que ponía el capitalismo entre las cuerdas y exponía como este había afectado la comunicación visual moderna y contemporánea. Una investigación tanto escrita como visual que me permitió poner en práctica metodologías complejas y experimentales como apoyo gráfico.
Mi estilo se ha ido adaptando a las nuevas necesidades y a los tipos de proyectos que he ido haciendo a lo largo de los años. Ahora soy más sistemático y afinado, pero continúo siendo disruptivo y poco previsible. Mi manera de hacer no estaba pensada para proyectos comerciales al principio, pero he conseguido evolucionarla.
P. ¿Echas de menos la universidad o estás contento de estar de lleno en el mundo laboral?
R. Siempre digo que ojalá pudiera estar en la universidad por siempre jamás y continuar investigando temas relacionados con el diseño gráfico y visual. Echo de menos el punto crítico e incendiario que tenía antes hacia las prácticas del diseño ante el capitalismo.
Aun así, el hecho de trabajar en estudios y agencias hace que el mundo académico tenga sentido. Vivir personalmente los cambios socioeconómicos desde dentro de la industria te enriquece, te hace ver el mundo de una manera muy diferente y te hace todavía más crítico que antes. Es muy fácil señalar desde el privilegio.
P. ¿Hay algún proyecto que hayas hecho del que estés especialmente orgulloso? Sé que has formado parte del grupo de diseñadores que ha realizado el rebranding de OFFF Festival este año, por ejemplo…
R. Efectivamente, el último proyecto del cual estoy muy orgulloso es el OFFF Festival que hicimos con COLLINS, en Nueva York. Contribuir al mundo cultural es una de las cosas más satisfactorias que pueda tener un diseñador y el OFFF es, quizás, el festival de diseño más importante del mundo ahora mismo.
Junto con el equipo de COLLINS, fuimos escogidos para rehacer toda la identidad para su 25º aniversario. La premisa era que querían que el OFFF empezara a ser una marca y no solo una campaña anual. Esto era muy importante, porque el festival tenía un problema: cada año hacían una identidad diferente y era muy confuso reconocerlo.
Es por eso que ofrecimos una solución funcional pero, a la vez, dinámica, que se adaptara a cualquier estado del festival. Una identidad que refleja la energía del OFFF.
El proyecto ha sido un éxito y el festival hizo sold out el primer día gracias a la nueva imagen y al potente line-up que presentó. Todo el equipo estamos muy contentos con el resultado y con el recibimiento.
P. Para todos aquellos estudiantes que están a punto de acabar -supongo que recuerdas que ahora es una fecha delicada-, ¿qué consejo los darías? ¿Y a aquellos que están pensando en estudiar diseño gráfico, los que no lo tienen muy claro todavía?
R. Que disfruten mientras puedan de la universidad y que experimenten e investiguen al máximo con aquellas herramientas y lenguajes que más les guste. La indistinción y la innovación visual son claves en el diseño y, cuando estás dentro del mundo laboral, es difícil encontrar momentos para desarrollar tu craft. Por lo tanto, creo que la universidad es el mejor lugar para hacerlo.
Para aquellos que se lo están pensando: si les atraen las tipografías, los sistemas, los libros y la voluntad de comunicar de manera gráfica, aquí hay cabida.